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Mostrando entradas de noviembre, 2010

He perdido

He tenido que perder de vista,
para saber quien era. 


Tuve que perder un mes, para
ganar unos años; y perder unos
años para ganar una vida. 


Me reinventé el verbo ganar,
y el adjetivo afortunado, se
reinventó sólo.


Mis bolsillos perdían, mas y mas cosas.
Y mi libro se encontraba
con mas y mas páginas.


Cuanto mas me creí perdido, y estar perdiendo.
Mas estaba enmí, y de ahí creciendo.


Cuando se acaba el tacto y se para el suspirar
ésa, ésa, es la única pérdida
que no se puede recuperar.








Envuelta en melocotón.

Eres tú, mujer,
envuelta en melocotón.

De sensualidad y tacto
eres ensalada,
con algo de canela,
suave condimentada.

Hada de casita de cuentos.
Cuentos de la niñez
de los de érase una vez…


Susurro de voz en el patio.
de la regadera el agua,
geranios y aloes
sonríen dando gracias.


Tan sencillo como darte un abrazo,
o comentar lo comentado.
Tan sencillo como guiñarte un ojo
en la glorieta de Bilbao.

Se fue la noche,
escapó cual fugitivo.
De mañana la despedida,
besos con sabor a dentífrico.




La Hondura

Que poco se de ti, amiga,
y cuanto tú, sabes de mi. 


Cual comprensiva fuiste siempre
y paciente en escucharme.

Retozando hasta la saciedad
piscina olímpica sin edad.

Abrigándome sigues, dando cariño;
imposible por eso,
dejar de ser niño.

Cuantas tardes enfrente de la nada
educantes tardes de Área Reservada.

Siempre divertida, y deslizante,
transparencia intimidante.

Como caricia de madre,
me cuida tu alfombra.

Pocas como la tuya amistades
forjada en tus profundidades.



La Hondura es el lugar donde aprendí a bucear.














Atocha-Renfe

Afilados y enfilados se dirigen,
obligados y temerosos cual alfil.

Puntuales como puntas
pensando,
en el posible despuntar.

Conscientes de lo consecuente,
al actuar en consecuencia.

Inmunes de correr riesgos inmundos,
pero de lo mundanal, mundanos.

Líderes de su apatía y
patriados a la empatía.
El inquisidor tablero de destinos, 
dicta
el camino de sus vidas.

Y los minutos,
en grande,
corren más deprisa.



¿Quién prohibiría viajar a la sonrisa por las mañanas en transporte público?